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La Clerecía fue ordenada construir en 1617 por Margarita de Austria
y Felipe III bajo la advocación del Espíritu Santo, para los jesuitas que se
dedicaban a la enseñanza.
En ella se distinguen dos partes: la iglesia y el colegio.
En su construcción, que duró más de un siglo, intervinieron numerosos
arquitectos. Todos ellos se encontraron con el mismo problema: el de realizar un
edificio realmente impactante teniendo tan cerca la casa de las conchas, pues
apenas las separan unos metros. Aun así se consiguió destacar perfectamente la
gran fachada de esta iglesia. La primera parte está realizada en piedra de
granito gris, y el resto en piedra de Villamayor. Esto fue producto de un cambio
de planes al entrar un nuevo arquitecto.
En el centro se encuentra el fundador de la Compañía, san Ignacio de Loyola, y
debajo la inscripción de sus fundadores Margarita de Austria y Felipe III. A su
lado, el escudo de Felipe III compuesto por la corona real y el collar del que
cuelga el cordero conocido como el “vellocino de oro”.
Las torres y la espadaña son obra de Andrés García de Quiñones. En lo alto y en
el centro el relieve de Pentecostés y las dos hermosísimas torres rematadas en
cupulines, que van aligerando su peso en su primer cuerpo con columnas y en un
segundo con el campanario, terminando con el cupulín que es una de las grandes
obras de este arquitecto.
Hoy es la sede de la Universidad Pontificia de Salamanca, fundada
en 1940.
La cercanía de la Clerecía con la Casa de las Conchas fue motivo de
discusiones entre los jesuitas, inquilinos de la Clerecía, y los propietarios de
la Casa de las Conchas, construida mucho antes. Se cuenta que los jesuitas,
deseosos de adquirir la casa para destruirla ya que no dejaba contemplar en su
totalidad la fachada de esta iglesia, ofrecían una moneda por cada concha. Esto
dio lugar a la leyenda de que la casa escondía un tesoro bajo una de sus
conchas.
Sus paredes laterales exteriores muestran los “vítores”,
inscripciones realizadas por los estudiantes con una mezcla de pimentón, almagre
y sangre de toro, como celebración de sus triunfos en oposiciones o doctorados.
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