La Catedral Vieja

   En el año1150, Salamanca se levanta en protesta de la mano de su obispo y presenta batalla a su propio rey Fernando II de León, quien obsesionado con la construcción de la catedral de Santiago, deja a Salamanca sin poder y dinero cuando ya había comenzado las obras de su catedral. La batalla tiene lugar en la Valmuza, batalla que los salmantinos pierden ante el poder del rey.

   Pero el pueblo, lejos del desánimo empezó ayudar en la construcción. La gente cuando moría dejaba todo para la obra de la catedral, desde propiedades hasta sus riquezas, lo que aceleró considerablemente las obras.
El rey, no impasible ante estas noticias, cedió 25 picapedreros eximidos de todo tributo para ayudar a su terminación y contribuyó con otros favores.

   El miedo a reyertas y batallas que aún existía hizo que esta catedral se construyera amurallada; aún hoy podemos ver las almenas que la rodean.

   De planta románica y alzado gótico, lo más destacado es la cúpula del crucero o cimborio, conocida en la ciudad como la torre del gallo, que es de gran belleza y está decorada con escamas.
El Patio Chico constituye uno de los rincones más acogedores de Salamanca, la única vista que permite disfrutar del estilo románico de la catedral. También permite ver cómo la Catedral Nueva está adosada a la Vieja, y cómo la una se apoya en los muros de la otra.

   En su interior, al que se accede a través de la Catedral Nueva, destaca el gran retablo del altar mayor del S.XV, realizado por los hermanos Delli. Consta de 53 tablas que representan secuencias de la vida de Cristo y de la Virgen.
Esta catedral conserva uno de los órganos más antiguos de España, del siglo XIV.

   Sus capillas fueron las primeras aulas de los estudiantes de Salamanca. La Capilla de Santa Bárbara o de Grados era donde se celebraban los exámenes a Doctor; la noche antes, la familia pagaba una cena para el Obispo y profesores de la Universidad, que se celebraba en el Claustro. Después de la cena el estudiante tenía que pasar la noche "en capilla", sentado en la silla de cuero con los pies pegados a la tumba del Obispo Juan Lucero ,vigilado por una persona de la Universidad. A la mañana siguiente entraban los profesores y procedían al examen: si aprobaba salía por la puerta de la Catedral Vieja, la ciudad vitoreaba al nuevo Doctor y durante tres días había comida y fiesta costeada por la familia del noble. El último día la familia pagaba una novillada para la ciudad. Después de matar los novillos, el estudiante tomaba la sangre de los toros y la mezclaba con aceite, arcilla y pimentón y ponía su “vítor” en los alrededores de la Universidad.
 
   Los “capi gorrones”, hoy conocidos como tunos, se pagaban sus estudios y manutención con la picaresca, cantando u actuando por la ciudad. Ellos eran los primeros en esperar al recién nombrado Doctor, pues su éxito les suponía tres días de comida gratis. Pero si no aprobaba, también eran los primeros en cogerlo y montado encima de un carro, lo lanzaban al río Tormes.
 
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