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Salamanca es una de las pocas ciudades que tiene el privilegio de
tener dos catedrales.
Fueron los canónigos en 1513 quienes se quejaron a los Reyes
Católicos de que su catedral se había quedado oscura y pequeña para una ciudad
como Salamanca, que comenzaba su Siglo de Oro, y efectivamente deciden
ampliarla. Por aquel entonces esto se hacía en el mismo solar en que se
encontraba la iglesia o catedral. En una junta de arquitectos se decide salvar
la catedral existente, pues ésta tenía un gran significado para el pueblo.
La Catedral Nueva fue construida apoyándose en un muro de la Vieja,
y debido a los dos siglos de construcción en ella se pueden apreciar los estilos
gótico, renacentista, barroco y neoclásico.
Como maestro de obras se nombró a Juan Gil de Hontañón y a su
muerte continuó su hijo Rodrigo, quien introdujo aires renacentistas sin
abandonar el proyecto gótico.
La fachada principal de la catedral es obra de Gil de Hontañón, y
goza de la decoración más grandiosa del gótico español. Es la represtación de la
vida y la muerte de Jesucristo. Presenta tres arcos conopiales. En el centro
está la Virgen sobre un pedestal; a la derecha, la representación del nacimiento
de Cristo con los Reyes de Oriente adorando al niño, que se representa con más
edad y despierto ya que un rey no debía ser representado como recién nacido.
Curiosamente, estos personajes fueron vestidos con la indumentaria de la época
en la que fueron esculpidos. En el lado izquierdo aparece la adoración de los
pastores y en lo alto, la crucifixión de Cristo con María a su izquierda.
Sin embargo, también pueden encontrarse detalles profanos. A pesar
de que a los canteros sólo se les permitía representar temas religiosos,
florales o geométricos, a más de 40 metros de altura esculpían lo que les venía
en gana, pues la gente no alcanzaba a ver lo que representaban y nadie podía
denunciarlos a las autoridades.
El interior no es rico en decoración debido a los problemas
económicos que hubo durante su construcción y carece de retablo principal. Sin
embargo, los anchos pilares de casi 40 metros de altura y la cúpula que se alza
80 metros sobre el crucero son suficientes para dotar a esta catedral de toda la
grandiosidad que merece.
El coro, situado en centro de la nave es obra de Alberto
Churriguera. Está profundamente decorado y constituye uno de los más destacados
del barroco español de siglo XVIII. Concebido en madera de nogal, fue diseñado
por Joaquín de Churriguera poco antes de morir. Consta de dos tipos de sillería
y dos órganos, uno barroco y otro plateresco, todo ello cerrado por una rejería
de estilo rococó. Hoy en este coro se suelen realizar grandes conciertos de
órgano.
La catedral se vio afectada por el terremoto de Lisboa en octubre
de 1755; los salmantinos, pensando que era el fin del mundo se refugiaron dentro
de ella. El efecto del seísmo fue de tal magnitud que hizo derrumbarse el tambor
de la cúpula central, que cayó desde sus ochenta metros de altura. Las campanas
de la torre oeste empezaron a sonar solas por el efecto del seísmo, pero
milagrosamente, no se produjo víctima alguna en Salamanca. Por ello el cabildo
dictaminó en un edicto que todas las vísperas de los santos subiera una persona
a tocar esa campana en acción de gracias a Dios. La familia que vivía entonces
dentro de la catedral y se encargaba de ejecutar los distintos toques de
campanas y cumplir fielmente la tradición era conocida como “los mariquelos”.
Hoy el último mariquelo, Angel Rufino, continúa con la tradición de sus
antepasados: vestido de charro en representación de los salmantinos y acompañado
de su tamboril y flauta sube cada año a la torre para conmemorar este
acontecimiento.
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