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El aula de Fray Luis de León representa un aula típica del S.XVI.
Aquí comenzó Fray Luis de León su clase con la frase “Como decíamos ayer…” tras
haber estado preso durante años en Valladolid por haber traducido el “Cantar de
los Cantares” sin pedir la autorización del Papa.
El asiento adosado al púlpito era para el lector, que era la
persona encargada de repetir la lectura de la lección del día. Los bancos
corridos de la derecha estaban reservados para personalidades que se acercaran a
la ciudad y tuvieran interés de oír ese día a los profesores, y los de la
izquierda para el séquito de estas personalidades.
Los bancos y mesas del centro estaban ocupados por los estudiantes,
que se sentaban según las clases sociales: primero los nobles; detrás, los
colegiales que vivían en los Colegios Mayores, detrás los camaristas, que vivían
en pensiones; detrás los pupilos, que eran los protegidos de los profesores y
estaban acogidos en sus casas; y los últimos, los “capi gorrones” (los actuales
tunos). Ellos eran los primeros estudiantes en
entrar en el aula, pero lejos de un privilegio, su misión era la de calentar el
asiento de los nobles. Una vez calentado, se les permitía regresar a sus bancos
y para entrar en calor, los pobres tenían el llamado "derecho de pataleo": el
profesor les dejaba unos minutos de pataleo para que entraran en calor, y
después, se comenzaba la clase del día.
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